4. Sentimientos

Katt despertó, se había quedado dormida en la bañera, ese sueño…o era un recuerdo? Se decantó por lo último, había perdonado pero jamás había podido olvidar. Aquello le hacia mucho daño, temblaba, sudaba, se le quebraba la voz, la respiración desaparecía cada vez que veía a esa persona cerca de algo que contuviese alcohol, no quería volver a repetir o vivir esas escenas otra vez, su corazón y su mente no lo soportarían otra vez. 

Salió de allí con su pijama, pelo seco, crema aplicada y unas ojeras de panda que saltaban a la vista. Fue directamente a la habitación a retomar la escritura que dejo ese día, se lo debía a ella misma, como se prometió 9 años atrás.

Al entrar en el documento oculto recordó que había creado a una tercera persona para expresar aquello. Era una niña cuando le dio vida, tenía 14 años como mucho, ahora llevaba unos cuantos mas encima, y se veía capaz de seguir con el relato, pero al haber pasado todo ese tiempo tenía mucho mas que plasmar. Se sintió abrumada, pero no quería dejarlo, no quería ser cobarde otra vez y no explicarlo, expresarlo, consciente que le haría aun mas daño recordarlo, pero que probablemente le ayudaría a superarlo y a entender que el dolor también se puede curar. 

Respiró hondo y prosiguió escribiendo su relato, bueno no el de ella, sino la historia de esa tercera persona , la chica se auto dedico una sonrisa de medio lado, burlona y llena de ironía, de esas que te hacen ver como una completa idiota. 

Katt se compadeció a si misma. Recurría a esa tercera persona para hablar de su dolor. Lo necesitaba por otra parte, sentirse alguien externa de su propia vida, de sus dolores y de sus mierdas en definitiva. 

Katt se sujetó su melena pelirroja en un moño mal echo, debía concentrarse al cien por cien, sin distracciones, y ahí también entraba su cabellera, pensó. Fuera había empezado a diluviar, perfecto. Las gotas de lluvia golpeaban en su ventana como si de música se tratase, una música para sus oídos e inspiración.

Se encontraba en su colchón con sus piernas estilo indio y su portátil delante suyo, con la luz de las teclas de éste encendidas, por si le inspiraba, otra mentira, no quería escribir a oscuras, suficiente era la oscuridad que habitaba en esos recuerdos. 

Como si la misma diosa de la inspiración le golpease, empezó a escribir con fluidez, mientras reflexionaba sobre las emociones de los individuos que habitaban con ella en este mundo, cruel o no, su mundo.

¿ Hubiese sido más fácil vivir sin sentimientos? ¿Porqué muchos los temen? ¿ Que nos hace ser tan vulnerables a ellos? ¿ Hacemos estupideces solo por ese impulso irrefrenable de sentir? 

Katt lo tenía claro, al menos tenía una respuesta camuflada en reflexión que sostenía esa teoría posiblemente absurda pero que para ella cobraba sentido en ese mar de dudas que era Katt. 

No ser capaz de expresar emociones sería como un castigo, aun peor que no sentir nada. Los humanos interactúan mediante ese intercambio de emociones y sentimientos. Y confirman las identidades de los demás haciéndolo. Sin embargo las personas que se ven obligados a restringir sus emociones, o esas personas que esconden sus emociones como si estuvieran usando una máscara, se pierden entre la aceptación y la negación, esa misma máscara que Katt usó y a veces la recupera para aparentar estar bien y que nada la está matando por dentro. 

3. Rencor y Odio

Katt estaba en su habitación, escuchando el descorche de una botella, lo que creía que era champán, vino, mosto, una bebida que contenía alcohol en definitiva, ahí estaba otra vez, aquella persona haciendo lo mismo por…Había perdido la cuenta de las veces que prometió no hacerlo de nuevo, que no volvería a caer, que lo dejaría. Y de cuantas veces Katt había mentido diciendo que lo perdonaba, que estaba bien, que todo pasaría y que no le guardaría rencor.  

Pero ahí se encontraba esa mujer, llenando su copa y bebiendo de ella, como si nada importase, cuando pasasen los efectos estaría buscando una nueva excusa inalcanzable y sin ninguna credibilidad para encontrar un perdón que ya no tenía sentido de palabra después de repetirlo cada día.  

Katt lloraba en silencio, no podía más, creía derrumbarse y caer otra vez. 

La chica salió de su habitación, ¿por qué? Ni ella lo sabía, no se quería enfrentar a aquello sola, pero tampoco podía dejarlo así. ¿Así como Katt ?, ¿había algo más que pudiese hacer? A parte de seguir aguantando y fingiendo a la mañana siguiente que todo se encontraba como si nada hubiese pasado, que no había nada roto en ella. Cuando quiso reaccionar y salir de sus pensamientos más profundos, tenía una fregona, o lo que restaba de ella, golpeándole la cara, sus lágrimas caían sin cesar, suplicaba para que eso parase, no sabía cómo actuar, que decir. 

Katt se sentía frustrada por no pararlo, solo aguantaba un golpe tras otro, fueron pocos y a la vez suficientes para hundirla de nuevo, los gritos resonaban en su cabeza, “eres mala persona”, “eres asquerosa”, “hija de puta”, “eres una egoísta de mierda”, “desgraciada”. La culpaba de todos sus errores como si Katt fuese uno añadido a la lista. Parecía que la chica fuese la responsable de todo aquello, lo pensó en más de una ocasión, que hubiese estado mejor sin ella. Pero lo de la mujer, venía de muy largo, manipulando a la chica como se le antojaba, pero ahora ya no, no podía hacerlo más, la pelirroja tenía la voluntad suficiente para no caer en ese chantaje emocional ya inerte .  

Katt había aguantado que otro hombre entrase en su casa, un desconocido, ¿que iba a hacer?, era una cría. Veía como diferentes hombres pasaban por la vida de esa mujer, sin ser el hombre con el que estaba casada. Katt no lograba entender la situación, pero cuando dejo de dejarse influenciar, dijo basta, no lo permitiría mas.

Y eso, fue lo que la mató.

No jugar ni participar mas de esa mentira, de quedarse callada, cuando empezó a darse voz fue cuando todo cambió. Esa mujer vio que el chollo en el que había estado manipulando a Katt se acababa, la chica ya no estaba de su lado, para ser honestos nunca lo estuvo, ya no estaba del lado donde las palabras iban contra el hombre con el que estaba casada esa mujer, y contra tantas mas cosas.  Katt empezó a entender muchas cosas que no quería y que tenía que afrontar prácticamente sola.

¿ Cómo la mujer que le dio la vida, le podía estar haciendo tanto daño?  Y como se entendía, si esa misma mujer le había salvado la vida también con ese carácter que la definía. Katt nunca lo sabrá, morirá sin saber la respuesta. 

Todo se tornó negro en aquel momento y se volvió a encerrar en su habitación . Fue la primera vez que Katt escribió, creó a una tercera persona, a ella en definitiva, porque no podría describir todo eso en primera persona, le dolía demasiado.  

Temblando empezó, tenía tanto rencor y odio, era muchísimo mas fuerte que ella, esa clase de demonio al cuál te alias para poder seguir de una forma del todo cuestionable. Todo aquello le recordaba que era una chica débil y que tenia que aparentar una fortaleza que se esfumaba por momentos. ¿Porqué? Katt no lo entendía, ¿merecía ella eso?, ¿que clase de cosas horribles habría hecho en otra vida para llegar a esto? 

La pelirroja dejó de escribir y rompió en un llanto inconsolable.  

Por culpa de esa persona se veía como una persona horrible, egoísta, mala, sin corazón, sin empatía, en definitiva, sin nada, vacía, un humano el cual no merecía nada, ni una simple gota de agua en pleno desierto. Al final la soledad se convierte en si misma en algo que se pude ver, y en esa misma se encontraba Katt.

La pelirroja se sentía herida, de lo peor en el universo. Esa mujer le hacía creer que era un despojo, con su dureza en las palabras que le dedicaba tarde tras tarde sin cesar, sin final, que la iban convirtiendo en alguien mas pequeña y con muchas mas inseguridades. Nadie la querría jamás. Un estruendo la sobresaltó, salió, otra vez sola, se encontró un viejo jarrón hecho añicos, lo asimiló como si fuese su corazón.

¿ Porqué tenia que soportar ese dolor desde tan joven? ¿ Porqué tenia que actuar con una madurez superior a la que le tocaba ? .

En ese momento recordó cuando la encontró tirada en el suelo, inconsciente, sin dar señales de querer despertar, lo último que recuerda de ese día es el sonido de la ambulancia y un policía mirándole con lástima. El perdón es el gran acto del ser humano, Katt no estaba dispuesta a hacerlo en ese momento, se odiaba por odiarla, por tenerle rencor, por todo el daño y como le quitó su adolescencia con preocupaciones poco comunes dado a su corta edad y madurez, dónde aprendió el sentido del miedo y el desgaste emocional atroz, al que se vio expuesta, 7 largos años viviendo una agonía que parecía no tener fin, ni salida y mucho menos la típica luz al final del túnel, uno en el que Katt había entrado, cayendo como si de una tela de araña se tratase, hasta lo mas profundo.

En el fondo ella sabía que nunca lo llegaría a comprender, tampoco quería enfrentarse a ello, le asustaba y aterraba el simple hecho de no poder perdonar y guardar esa rabia hasta el final de sus días.

Si algún día esos pensamientos saliesen a la luz..Katt tenía miedo de quedarse sola y lo que es peor aún, que ese fantasma volviese a su vida. Pero, ¿porqué? No le debería de asustar algo tan real como sus emociones, como se sentía.

Ella no lo comprendería y volvería con el chantaje emocional que tanto destrozaba a Katt. Algún día lo haría, no hoy, quizás tampoco mañana, ni este año, pero sabía que lo haría. 

2. Fuego

Al acabar su día, se dirigió a casa, deshaciendo el camino de ida, siempre igual. Cruza la puerta de su piso, deja la mochila, el abrigo y suelta un sonoro suspiro, se pregunta, por qué? No lo sabe. A veces necesita respirar hondo para continuar, seguir simplemente. Seguir, que fácil decirlo y que difícil realizarlo muchas veces. Se le viene a la mente una reflexión, de la cual ella misma se sorprende… 

“Donde estamos, donde sea, tenemos que encontrar la razón y la esperanza de la vida” 

Que ameno suena, y poético a la vez. Pero de que le sirve a Katt, si luego no se hace caso a sí misma, esos consejos que da a sus amigas pero que no se aplica, por qué? Eso lo tenía más que claro y estaba segura que todos, en mayor o menor medida hacían lo mismo. 

Se ve todo más fácil desde una perspectiva omnisciente. 

Katt se dirigió hacía su habitación lista para preparase y darse un baño, aunque si lo hacía, sus sentimientos e inquietudes florecerían más, seguía dándole vueltas al pensamiento anterior, y misteriosamente se le viene otro, aun si cabe, más intenso y con esa inquietud característica de Katt… 

“Hay veces en que todos queremos negar la realidad que se encuentra delante de nuestros ojos. De modo que, en ocasiones soñamos no con la nuestra, sino con la vida de alguien más. Pero al momento de negarnos a nosotros mismos, la tragedia y el pavor empieza. Eso se debe a que la tragedia, que creció alimentada de nuestras débiles mentes, del miedo e inseguridades, rápidamente nos incapacitó” 

Se sentía muy identificada con su propia reflexión, lógico ¿ no ? ,  Katt solía soñar despierta, en algo mucho mejor de lo que ya tenía, pero a la vez no estaba del todo segura si eso sería mejor para ella o no.  

Al fin y al cabo, ella era ella por todo lo vivido, si un ínfimo detalle de sus años de vida cambiase, toda ella lo haría y Katt estaba empezando a aceptar que le gustaba como era, con sus defectos, virtudes, fallos, aciertos y todo lo que conlleva ser un animal social. 

Decidió darse ese baño y relajarse, o al menos intentarlo. Se quitó la ropa, preparó su mascarilla facial de arcilla y se envolvió una toalla en su delgado cuerpo. Esperó 25 minutos y entró en la bañera, deseosa que el agua caliente junto a una bomba de baño que había echado, le hiciesen olvidar aunque fuese unos instantes de tantas preocupaciones, innecesarias muchas veces. Que aquella agua caliente fuese su cura, llevándose con cada gota cada fantasma que habitaba en ella, cada inseguridad, cada miedo, cada parte de ella que le impedía seguir según que días a la vez que no le dejaban ser ella misma. 

Se quedó ensimismada mirando como la bomba se iba deshaciendo, haciéndose dueña de todo el habitáculo donde estaba metida, casi presa, le recordó a ella. Katt era como una explosión. Fuego. No solo por la belleza que era la chica para muchos, no tanto para ella, sino porque sus pensamientos eran fuego, la quemaban, la consumían en muchos días soleados, grises, lluviosos. 

Abrió los ojos ante tal pensamiento y vio que la bomba se había esfumado, y solo quedaban ínfimas burbujas y un color morado en el agua. Suspiró aliviada, ¿segura Katt?, se dijo a sí misma. Claro que no, se recordó, otro regalo de su mente, amargo, apareció el cual le machacaba desde que acabó, pero, ¿verdaderamente aquello acabó? 

Cayó en aquel recuerdo que quería ocultar, por miedo, no a ella misma, sino a que los demás se lo hiciesen. La chica volvió a aquellos días, donde quería desaparecer, no existir y dejar de odiar, porque sí, Katt odió y si eso no fue lo que sintió, estaba tan cercano que no se notaría la diferencia, como un camaleón escondiéndose de su depredador. 

1. Kattie

Katt se encontraba en su habitación, rodeada de sus cuarto paredes, las cuales tenían mucho que explicar, se agradeció a si misma que no lo pudiesen hacer.
Pero quería, aquella chica, quería que se supiese el porqué, no ella no quería, pero allí estaba escribiendo para lidiar con ella. Ese monstruo que la castigaba por las noches, el día e incluso en los momentos que tendrían que ser felices, los mejores, peores, regulares y hasta los horribles.
Sentada en su silla vieja, delante de su portátil, con un té y sus ojos llorosos al recordar aquello que no quiere explicar, pero que escribe como si de un impulso se tratase.
Katt, una joven normal y sencilla a primera vista, pero complicada y llena de inquietudes, preguntas y miedos por otra, pocos la conocían bien, incluso ella misma dudaba de quién era muchas veces. Si una chica que aparentaba fortaleza o una la cual buscaba la aceptación de cualquier individuo para continuar. Mientras tecleaba se le venia a la mente el porqué de todo, porqué era así, porqué buscaba la aceptación, la aprobación de alguien, el reconocimiento, porque necesitaba sentirse integrada, porque tenia ese miedo a la soledad pero a la vez la intentaba cazar y perderse en ella. Tenía tantas preguntas en ella sin responder que le abrumaba hasta tal punto de querer tirar la toalla. Pero su otro yo, no le dejaba, la seguía martirizando a dudas y a perseguir incansablemente ese porqué.
Todo aquello, a Katt, le hacía ser difícil de comprender, ella misma sabía el porqué de todo, la consecuencia de porqué era así, ella se había apoderado de su ser, no actuaba como la mayor parte de la población del mundo, era mas sensible de lo que podía reflejar, pero no lo quería reconocer delante de nadie, tenia que mantener esa imagen de chica fuerte, que supera todo, que nada le afecta y que siempre esta con una sonrisa. Estaba cansada, cansada de aparentar muchos días que todo iba bien.
Cerró el portátil con un golpe seco, no podía continuar, su corazón y su mente no le dejaban. Pero, por desgracia, su mente no descansaba. Sus inseguridades salían en cuanto se tumbaba en su cama y volvía a preguntarse ese odioso “porqué”.

Sus pensamientos le atormentaban, la seguían allá donde iba. A Katt le costó admitir y administrar aquello que en un principio no tenia nombre, pero que poco a poco y muy a su pesar cogía forma. Le cuesta aún, hablar sin soltar una mísera lágrima, un llanto de dolor, un grito de socorro, un porqué. Pero se ponía su máscara de persona que siempre esta bien, ¿valía la pena?, ella no lo creía pero tenia que hacerlo. Que mas podía hacer, no veía otra salida que no fuese colocarse esa coraza, Katt sabía que todos tienen una, donde se esconden sus debilidades, miedos e incluso sus sentimientos, pero la chica no quería llevarla más, anhelaba, deseaba, le gustaba la idea de ser ella, pero, hasta que punto podía ser ella misma con la gente que le rodeaba, es mas, ¿la sociedad, la querría en su esencia? Todo, absolutamente todo, le asustaba, no quería sentirse sola.


Eran las 3AM, cuando todos esos porqués cruzaban por su inquieta e incansable mente, la cual no le daba ni un respiro. Se levantó de la cama, encendió la luz y se sentó en el borde, otra vez ella, estaba de vuelta, como si de un fantasma se tratase, otra noche mas. Fue a la cocina, aun con sus pensamientos que no cesaban, cogió un vaso con agua y suspiró, ¿porqué? se preguntó, querer encontrar esa respuesta la asustaba pero que la buscaba y muy a su pesar lo anhelaba. Mientras se terminaba ese vaso de agua, se dijo a si misma por enésima vez que debía parar, dejar de querer buscarle un porqué a todo, intentando convencerse de que no todo tiene respuesta y a veces las cosas suceden, sin que uno lo desee. Pero Katt se mentía, ella lo sabía, que incrédula, era consciente de ello, pero no podía parar, necesitaba esas respuestas aunque la acabasen destruyendo, a ella y a su alma.


Lunes. Katt odiaba los lunes, quien no. No había conseguido conciliar el sueño, gracias a ella. Se encontraba en el metro camino del trabajo. Con sus pantalones de una tela difícil de describir, su camisa recién planchada, un jersey y su abrigo de pana a conjunto con una bufanda marrón a cuadros, por último sus botines que resonaban a cada paso que daba, con su melena pelirroja moviéndose al son de sus seguros, pero falsos, pasos.


Levantaba ciertas miradas de los pasajeros de aquel vagón a las 7:34 de la mañana, algunas que incomodaban y otras de indiferencia. Mientras leía su novela, sentada en esos asientos para nada primorosos y con demasiado contacto hacia los demás individuos que se hallaban sentados en los tres restantes, le asaltó la duda de si aquellas personas la podrían entender o la juzgarían, ridículo, a Katt no le debería de importar, pero lo hacía, le importaba lo suficiente para condenarse a ella misma por ello. Se sentía incapaz que todo aquello le diese igual, de que le fuese indiferente, irrelevante y todos aquellos adjetivos que definían su manera de verlo.


Katt se levanto de su asiento ante la atenta mirada de una mujer, la cual la miraba con recelo, quizás por su vestimenta, su belleza la cual es relativa para cada ser humano, o irónicamente por aparentar ser una mujer segura, cuando en realidad era una mujer insegura y con muchos miedos y preguntas. Katt la miró, soltó una sonrisa acompañada de un suspiro lleno de sarcasmo y abandonó el vagón a la vez que subía al máximo su música, no podría escuchar a la gente de buena mañana, ni quería hacerlo lo que restaba de día.
La pelirroja caminaba hacia su puesto de responsabilidad, se fijaba en el ritmo frenético de Barcelona a la vez que se volvía a preguntar algo, toda esa gente era feliz de verdad, o aparentaban como ella. Para eso creía tener la respuesta, pero le daba pánico exteriorizarla, quería creer que si, auto engañarse, pero en el fondo, sabía que no, que todos llevamos una máscara y le aterraba la idea, que era real y que no, que clase de miedos tenía cada persona con la que se cruzaba.


Encerrada en sus pensamientos, llegó a la puerta del edificio con puertas de cristal, saludó como cada mañana con una sonrisa y se dirigió a por su dosis de cafeína matutina. Arriba, en la planta 7, le esperaba su rutina de cada día. No se quejaba, le gustaba, podía estar aislada por 6 horas de sus pensamientos, de ella y de sus miedos.


Pero ¿de verdad Katt estaba a salvo en la rutina? Ella inocentemente creía que si, albergaba la esperanza que la situación con su fantasma menguase, pero era todo lo contrario a la realidad. No estaba peor tampoco, pero ella siempre volvía algún día, por el mas insignificante detalle, aparecía, como si se hablase de brujería . En ese momento Katt entraba en pánico, veía todo negro, sin salida, sin luz, sin nada que hacer. Una vez que se iba, volvía la calma, como en un barco pesquero cuando amaina la tormenta que tiene a los pescadores en vilo por si volverán a ver a sus familias ante tal atroz oleaje, como el que tenia Katt, una marea llena de sentimientos, frustraciones, miedos y lo mas grave, poca fe en ella, ese es su verdadero fantasma.

Admítelo Katt. Hazlo. Deshazte de el.


No, Katt no puede, no aún. Necesita saber quien es, donde esta su sitio, ¿verdad Katt?

0. ¿ Katt porqué ?

Su mundo se caía por momentos o así lo percibía ella. Katt sintió que no tenía nada que hacer en este mundo. Pero el universo no dejaría que eso pasase, no ahora, Katt tenia el deseo irrefrenable de encontrar respuestas en su vida, sus miedos, errores, sentimientos. ¿ Las encontraría ? O caería en las garras de conformarse con lo que tenía y resignarse a camuflarse entre los demás individuos y su falsa felicidad, donde se auto engañaban para no enfrentarse a sus mayores temores.

¿ Era Katt diferente a ellos ? ¿ O simplemente era una más que quería destacar ? ¿ Verdaderamente estaba dispuesta a encontrarlas o pararía una vez que sus miedos apareciesen ?

Todo aquello también se lo preguntaba Katt, pero, ¿ porqué ?

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